A Media Tinta – JM

Un espacio literario para leer poesía, escritos y libros de autor. Palabras, sentimientos y reflexiones a media tinta.

Sin Amar Demasiado

Comenzó con una mirada, de esas que parecen pequeñas hasta que uno descubre todo lo que pueden provocar.

Después llegaron los besos, las palabras, las dudas disfrazadas de certezas y esa extraña costumbre de encontrarte en todo.

Te convertí en sueño antes de aprender a conocerte despierta.

Y soñé, soñé demasiado.

Construí futuros con momentos, hice eternos los instantes y encontré calma incluso dentro del caos.

Pero querer también es descubrir.

Descubrir que dos personas pueden sentirse cerca mientras caminan en direcciones distintas.

Que algunas veces amar y odiar pueden ocupar el mismo lugar, que estar cerca no siempre significa encontrarse y que hay historias que llegan exactamente cuando no deberían.

Entonces intenté.

Una vez.

Otra vez.

Y quizá una más.

Hasta que entendí que incluso las ganas tienen un límite, que algunas puertas permanecen entreabiertas no porque alguien quiera entrar, sino porque nadie se atreve a cerrarlas.

Después llegaron los silencios.

Lo que no dijimos.

Lo que imaginamos.

Lo que todavía esperaba.

Y poco a poco dejé de preguntarme qué habría pasado para empezar a preguntarme qué quedaría de mí después de todo aquello.

Quizá esa sea la verdadera transición: de querer tenerte a simplemente haber querido.

De esperar mañana a entender el ayer. De buscar respuestas a aceptar las preguntas.

Porque al final no todas las historias terminan cuando las personas se alejan.

Algunas terminan cuando uno deja de intentar cambiar su final.

Y entonces comprendí: no fui el mismo después de conocerte.

No fui el mismo después de perderte.

Y quizá nunca se trató de llegar hasta el final contigo…

sino de descubrir quién sería yo después de tí.

Te llevo en la piel

No te amo con palabras bonitas, te amo con las noches que no dormí pensándote, con el nudo en la garganta cuando tardas en contestar, con las manos que tiemblan solo de rozarte.

Si me arrancas el corazón vas a encontrar tu nombre tatuado en cada latido.

Si me pides el alma te la doy sin condiciones, porque desde que llegaste mi calma tiene tu cara y mi caos tiene tu risa.

Quiero envejecer peleando contigo, reconciliándonos con besos, construyendo una vida entre tus brazos y perdiéndome en tu cuello.

No te quiero un poquito. Te quiero con todo lo que duele, con todo lo que cura, con todo lo que soy y con todo lo que me falta por ser… contigo.

Sabor a besos

¿Cuántos? La verdad no llevo la cuenta, pueden ser unos cuantos, unos miles o simplemente uno que me marcó y ahora todo tiene ese mismo sabor, sabor dulce, sabor húmedo, sabor suave, sabor…

Sabor a besos, pero no cualquier beso, ¡no! Besos de sus labios sobre los míos.

Su saliva como un exquisito néctar de fruta psicotrópica que te hace desear repetir, a cada momento, en cualquier lugar, en cualquier ocasión por poco apropiada que sea, te haces adicto, o bueno para ser sincero, no sé ni cuántos, ni dónde, ni cómo, pero me volví adicto…

Al sabor de sus besos.

Sutilmente áspero

Dije, que piel tan suave tienes, y me respondió que su piel era áspera, ¿Pero qué tanto? Y si es así ¿Por qué siento un cosquilleo cuando me roza la piel?

Por que mi alma tan tallada siente sus caricias como un pañuelo suave.

¿Será por eso? ¿Tengo el alma tan tallada que todo es suave? No, no lo creo, ella tiene una suavidad distinta, diferente, fuera de lo común.

Es difícil de explicar, es simplemente ella; ella y sus caricias, ella y sus dedos deslizándose por mi piel, ella y sus besos en mis mejillas.

Es ella y su suavidad única.

Es ella.

Esencia

¿Qué es?

No lo sé, es brillante, es rojizo, es curioso… ¿Es curioso?

No, para nada curioso, es sencillo… Pero si fuera sencillo no sería tan complicado

¿Es bello?

Si, es bello, es atrevido, es coqueto, es seguro, es confiable, es amable, es suave

¿Es suave?

Si, pero solo un poco más de más suficiente, pero es agradable, es limpio, es translúcido.

Pero no tanto, es intrigante y es… Es… No sé qué es, la verdad no lo tengo claro… ¡Ah sí! es claro, es cálido, es…

Es la esencia del amor.

Esa mirada que tiene

No sé, pero a la vez sí sé… Qué contradicción tan grande es el saber exactamente qué es lo que no deseas, pero sin saber que quieres.

Eso es lo que hay en sus ojos, el deseo de perderme en sus pupilas, pero sin extraviarme en sueños ajenos, el desear verlos al abrir mis ojos, pero sin perderme en ese preciso momento de su pestañear, en darme cuenta que estoy en una ensoñación que no es real, que, si lo fuese, como podría controlar mis latidos al estar frente de sus ojos, tan profundos como un mar de calma.

Si, lo sé, no tiene sentido, pero si te paras a pensar, en estas cosas del corazón nada lo tiene.

Un sueño maldito

Y ahí estábamos tú y yo unidos, entrelazados entre cobijas de carne quitándonos el frío el uno al otro, hurgando entre cicatrices del alma, deseando que la noche nunca termine, pero queriendo ver amaneceres juntos, besos y caricias desbordando corazón, el olor de tu piel, el deseo de poseerte sin ser necesariamente mía, mirando en lo más profundo de tus ojos, perdiéndome en las ondas de tu pelo, y …

De repente descubro que todo fue un sueño; pero tan real que despierto con el sabor de tus labios aun en mi boca.

Sueños de utopía

Te miré sencillamente bella, tan natural como siempre, tan hermosa, tan tú, con el deseo de un cuento de hadas, con un “y vivieron felices para siempre” y por eso me detengo, por un instante me paro a pensar, a soñar despierto.

Y cuando lo hago se me hace tan perfectamente hermoso un futuro, pero no cualquier futuro, uno donde nuestros seres se compenetran tan naturalmente, tan cuasi perfecto, tan tú y yo… Tan un sueño hecho realidad.

Y me aferro, aunque sea posiblemente una trampa del destino, me aferro a esa esperanza que me provoca el soñar con despertarme cada día con vos a mi lado.

Y así tal vez, simplemente tal vez, seamos simplemente felices.

Amor in-fugaz

Dije, bastará solo un instante para deshacerme de ella, para eliminar por completo su esencia de mi alma, para borrar cada marca, cada beso, cada abrazo que me dejó tatuado en mi ser, dije que sería tan fugaz como una estrella, que solo llega y se va, mi único deseo solo fue un beso, pequé por ingenuo, fugaz eso creería.

Y fugaz, de fugaz no tuvo nada, ahora cierro los ojos y recuerdo sus pestañas, su sonrisa, el tono canela de su piel, sus chistes pocos agraviados, fugaz dije, y hace falta el ruido de su voz, este vacío inconmensurable se vuelve tortura.

Fugaz dije… Y aún la sigo amando.

Caos

No busco la perfección, ni nada por el estilo, busco hacerte entender que eres mi caos más placentero, mi deseo más ruin y mis ganas más grandes de ser solo una cicatriz de un beso mío en tu alma.

No es que no busque una eternidad finita a tu lado, es que la vida es efímera, fugaz, contradictoria, volátil, mutable; que me conformo solo con saber que sabes que te llevaré en mi pecho desde el día que te conocí hasta que me muera.

Calma

Puedo decir que te deseo porque eres calma.

Calma para mis demonios, para mis pesadillas, para mi desorden.

Eres calma, pero no cualquier calma.

Eres la calma que da el sonido de una tormenta, pero… También eres ese sabor agridulce que deja el despedirme.

Con las ansias de volverte a ver al siguiente día.

Porque creas o no, eres la calma de mis noches más oscuras.

A veces

El tacto de tu alma es preciso, el deslizar de tus dedos por mi piel es hipnótico, la suavidad de tus labios es indescriptible, el deseo de un futuro es inevitable, la calidez de tus abrazos es mágica, el profundo de tu mirar es calma.

Recuerda que el amor es la tortura más satisfactoria por la que a veces incluso se vive, se muere y se transforma.

Y si te amo

Y si por simplemente un pequeño instante te permites dejarme amarte ¿Qué crees que pasaría? ¿Crees que te volverías loca como yo? Y empezarías a escribir poemas…

¿O solo te volverías suficientemente loca como para permitirte soñar despierta? Y si por menos de una fracción del infinito, te dejas llevar, te dejas envolver por mí, por ti, por un sueño.

Y si en vez de pensar sentimos, pero en vez de sentir todo, solo sentimos lo importante, lo positivo, lo bello, lo íntimo de dos almas bailando al unísono de un solo corazón.

Y si en vez de eso lo imaginas, y luego lo sentimos.

Tú

Tú, tan sencilla que pareces complicada, tan cercana y distante al mismo tiempo, tan fría que podrías incendiar un invierno.

Tú, capaz de decirlo todo con una mirada y callar tanto que hasta el silencio parece quedarse sin palabras.

Tú, que puedes ser caos durante la calma y calma durante el caos, que puedes hacer eterno un instante y a la vez amargo un hasta luego.

Tú, tan impredecible que hasta tus certezas tienen dudas, tan extraña, que, por alguna razón, terminas pareciéndome familiar.

Amor odio

Amor por tus ojos, por esa mirada capaz de decirme tanto sin decir absolutamente nada.

Odio por tu ausencia, por cómo consigues estar tan presente justo cuando no estás.

Amor por tu sencillez, por esos datos interesantes y completamente innecesarios que termino guardando como si fueran secretos del universo.

Odio por tu complejidad, por hacer de una pregunta sencilla un laberinto sin paredes y de una respuesta un misterio que nunca termina.

Amor por tu compañía, por esos momentos insignificantes que contigo parecen tener una importancia ridículamente enorme.

Odio por tu poca expresividad, por tener un mundo entero detrás de los ojos y dejarme descubrirlo a cuenta gotas.

Amor por vos, por lo que eres, por lo que pareces y por todo eso bonito que todavía imagino.

Odio por lo que no eres, por lo que no dices, por lo que escondes y por aquello que aún no alcanzo a comprender.

Amor por vos, odio por no entenderte. Y qué contradicción tan bonita que quizá sea precisamente eso lo que más me hace quererte.

Totalmente extraños

Qué extraños somos.

Tú dices blanco, yo prefiero el negro.

Tú buscas calma, yo encuentro refugio en el caos.

Tenemos formas distintas de querer, de pensar, de sentir.

Somos piezas de un mismo rompecabezas que, por alguna razón, pertenecen a cajas diferentes.

Y, aun así, entre tantas cosas que no encajan, hay algo de nosotros

que insiste en hacerlo.

Casi

Dices que te cansas de la gente, y yo todavía no sé cómo cansarme de ti.

Quieres ir despacio, pero corres cada vez que intento acercarme.

No quieres que me quede, pero tampoco terminas de irte. Qué raro, querer soltar algo sin abrir del todo la mano.

Dices que eres complicada, y quizá lo seas, aunque yo sigo encontrando sencillez en cada una de tus complicaciones.

Tal vez quererte sea una mala idea, pero hay malas ideas que parecen demasiado bonitas para evitarlas.

Porque tú ves un desastre y yo veo algo demasiado hermoso perdido entre tus contradicciones.

Y quizá por eso sigo aquí, intentando descifrar algo que probablemente nunca quiso ser entendido.

Indecisión

¿Me quedo?

¿Me voy?

¿Insisto?

Dime algo

¿Dime qué hago?

No soy tu media naranja

Tal vez no sea el hombre de tu vida, tu destino final, tu última estación, tal vez … ni siquiera la vida sea tan agradecida como para toparnos luego, y quizás solo seré un pensamiento extraño extraviado en tu mente, dándote cuenta que quizás…

Pero no hay forma de arrepentirse por lo que pudo ser, porque nunca podrás asegurar que yo fuese tu medio tomate.

Lo que sí te puedo asegurar, es que fueron mis intenciones más nobles, más claras, más bellas y más reales. Y mientras eso sea así, que no te quepa duda que te quise.

Besos de primavera en otoño

Tú y un beso, nada más eso, ni siquiera estoy yo, está mi alma y mi cuerpo esperando, queriendo que simplemente el futuro no sea un invierno, solo lo que está en medio de ambos, con la calidez de un rayo de luz entrando por la ventana en una madrugada fría.

Todo es tan diferente, sin querer saber si es posible que solo sea el camino a algo mejor, veo que todo se torna opaco, algo descuidado del alma, y sintiendo el frío acercarse lentamente.

Serán más fuertes tus besos, esa calidez que emanas. O será más voraz el cambio, ese que nos dice que sería mejor dejarlo pasar.

Tanta intriga, tanto amor, tampoco invierno, tampoco verano.

A destiempo

Tal vez todo fue a destiempo.

Llegué cuando yo estaba aprendiendo a sostener y tú aún sabías soltar.

Cuando acercarnos parecía alejarnos más y los silencios decían demasiado.

Tú acercándote sin llegar, y yo quedándome sin saber si aún quería hacerlo.

Qué extraño, cuando hasta las coincidencias parecen equivocadas.

Hubo momentos fugaces y silencios eternos.

Momentos que pidieron quedarse grabados en el alma, si no fuera porque el tiempo tenía planes distintos.

Y quizás eso sea lo más extraño:

que aún no sé si llegamos tarde, si llegamos demasiado pronto, si alguna vez hubo un momento exacto…

o si simplemente el momento siempre fue el equivocado.

Lo seguiría intentando, pero…

Lo seguiría intentando, aunque cada intento parezca un paso más lejos de ti.

Lo seguiría intentando, aunque tenga que aprender a encontrarte en lugares donde no estás.

Lo seguiría intentando, porque todavía encuentro motivos donde tú solo encuentras razones para irte.

Pero…

hay cosas que uno puede intentar mil veces y aún así nunca conseguir.

Y quizá lo difícil no sea dejar de intentarlo, sino aceptar que algunas veces querer no alcanza.

Así que sí, lo seguiría intentando…

pero no sé cuánto de mí quedaría después de hacerlo.

Ya me queda muy poco

Ya me queda muy poco, de paciencia para las dudas, de palabras para los silencios, de distancia para seguir extrañándote.

Ya me queda muy poco para seguir fingiendo que no pasa nada, para convertir un “tal vez” en un “algún día”.

Me queda poco de todo, excepto de ganas de quedarme.

Qué irónico, tener tan poco y seguir encontrando razones para darte más.

Quizá me queda poco tiempo, poca calma, pocas certezas…

pero de quererte, todavía me queda demasiado.

Quizá mañana

Quizá mañana entienda tus silencios, o quizá aprenda a dejar de buscarlos.

Quizá mañana te acerques sin alejarte, o yo deje de confundir tu distancia con una invitación a quedarme.

Quizá mañana el tiempo tenga ganas de nosotros, o quizá nosotros dejemos de tener ganas del tiempo.

Quizá mañana todo encaje sin intentarlo, sin preguntas, sin ese miedo absurdo de perder algo que nunca supimos nombrar.

Quizá mañana…

o quizá no.

Pero qué absurdo seguir dejando una puerta entreabierta cuando ni siquiera sé si quieres entrar.

Lo que no dijimos

Quizá dijimos demasiado sin decir casi nada.

Hubo miradas que llegaron primero y palabras que nunca encontraron el camino.

Silencios llenos de preguntas, preguntas sin siquiera una respuesta a medias.

Tal vez quisimos decirnos tanto que terminamos callándolo todo.

Y quedaron palabras flotando en algún lugar entre nosotros, sin saber si eran despedidas o algo que nunca comenzó.

Quizá algún día digamos todo aquello que callamos.

O quizá algunas palabras no necesitan ser pronunciadas para quedarse.

Porque hay cosas que nunca dijimos y, aun así, todavía parecen hablar.

Todavía

Qué palabra tan pequeña para guardar tantas cosas.

Todavía pienso en ti sin saber por qué.

Todavía encuentro tu nombre en lugares donde nunca estuvo.

Todavía hay canciones que parecen saber demasiado.

Todavía me descubro esperando algo que nunca prometiste.

Y aunque el tiempo insiste en llevarse lo que nunca fuimos, hay recuerdos que parecen tener su propio reloj.

Todavía…

no sé si te extraño, si extraño lo que imaginé, o si simplemente todavía no aprendí a dejar de hacerlo.

Si alguna vez

Si alguna vez te acuerdas de mí, no sé qué será lo primero que venga a tu memoria.

Quizá una mirada, una conversación, algún momento que para ti significó mucho más de lo que parecía.

Si alguna vez te preguntas qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes, espero que sonrías y no que te arrepientas.

Si alguna vez la vida vuelve a cruzarnos, no sé si seremos los mismos, ni si todavía quedará algo de aquello que pasó.

Pero si alguna vez vuelves a pensar en nosotros, recuerda que, aunque no supimos qué hacer con lo que sentíamos, hubo un momento en que ambos hicimos que valiera la pena.

Y si alguna vez me extrañas…

no busques una respuesta.

Quizá yo también esté preguntándome lo mismo.

Distopía a la distancia

Qué sensación de amargues tan mía, tan tuya, tan nuestra. Ser tan responsablemente consciente de que nada dura para siempre, pero queriendo poder tener el valor de intentarlo, de aquella distancia tan posible que arde sin ni siquiera poder verla, tocar o imaginarla.

Esa sensación de miedo, de no querer permitirse ser vulnerables, porque luego, ¿qué hacemos? con el alma y el corazón desnudos.

Y si estás lejos, quién me abrazará las costuras de mi ser ya desatadas, quién volverá a dar esas puntadas que tú ya no estarás dispuesta a dar.

Tú tan lejos… Yo tan perdido

Y ambos tan rotos.

Soñar no cuesta nada

Me estoy dando cuenta, que sin saber por qué, me haces tan bien, quisiera que solo cuando me vieras aparecer, de vos emanara la misma alegría que me da cuando te veo.

Pero soñar cuesta demasiado, cuesta demasiado porque es enamorarte a solas.

Soñar cuesta demasiado porque es desear por dos, lo que solo desea uno, soñar cuesta, porque cuando te quiero no estás.

Pero dicen que soñar no cuesta nada.

Después de ti

Después de ti aprendí que algunas personas no llegan para quedarse, sino para cambiar la forma en que entendemos quedarnos.

Después de ti hubo días tranquilos, noches demasiado largas y momentos en los que casi olvidaba tu nombre.

Casi.

Porque hay recuerdos que no desaparecen, solo aprenden a hacer menos ruido.

Después de ti entendí que querer no siempre significa tener, que extrañar no siempre significa volver y que algunas historias no necesitan un final feliz para haber sido bonitas.

Después de ti seguí caminando.

No porque dejara de importarme, sino porque entendí que también se puede avanzar llevando algo atrás.

Y quizá eso seas tú:

algo que quedó atrás, pero que, de alguna manera, todavía forma parte de todo lo que soy.

Después de ti…

no sé qué vino.

Solo sé que nunca volví a ser exactamente el mismo.

Si hoy volviese a leer estos textos, creo que muchos ya no tendrían el mismo sentido.

No porque hayan dejado de importar. Tampoco porque haya olvidado lo que alguna vez significaron. Hay cosas que todavía recuerdo con una claridad que me sorprende, aunque ya no consiga entender por qué alguna vez necesité escribirlas de aquella manera.

Y quizá eso sea lo extraño de volver.

Reconocer las palabras, recordar lo que había detrás de ellas y, aun así, sentir que fueron escritas por alguien un poco distinto.

Quizá el tiempo hace eso. No borra las cosas; simplemente cambia el lugar desde donde las miramos.

Tal vez algún día vuelva a leerlas y alguna de ellas vuelva a encontrarme.

Tal vez vuelva a sentir algo que me haga entender por qué estaban ahí.

Quién sabe.

Quizá algunas cosas tenían que ser así.