Ando sobrio de la vida, ebrio del amor y sus defectos; libre de las cosas complicadas y preso de las sencilleces más absurdas.
Cautivo del azar de este mundo imberbe, extraviado entre sueños imposibles, buscando lugares a los que llamar norte, esperando lo que llamamos indicado.
Sonriendo como reproche a lo perdido, llorando por la felicidad de un casi, inspirado en la contradicción del ser, sin creer en el mañana y, aún así, viviendo.
